25 Festival de Málaga: ‘Alcarràs’

Carla Simón se supera con ‘Alcarràs’, una película que brilla de costumbre y realidad. Su trabajo en la dirección de actorxs es impecable, y de aquí parte su éxito en su todavía escueta filmografía. Está claro que en sus dos primeros films, el resultado es magnífico.

Nota: 7/10

Verano 1993: secretos del corazón

Seducir en la pantalla a través de una historia personal es difícil de conseguir. La realizadora Carla Simón  lo ha hecho. Arropa al espectador con su propia vida, su duro verano de 1993 en Ampurdán (Gerona), en la que con tan solo seis años, se enfrentó a la pérdida de su madre, tres después de la muerte de su padre. Ambos a causa del virus VIH, el Sida, todo un estigma en aquella época y sin posibilidad de cura. Tras ello, abandonó su ciudad natal, Barcelona, para ser acogida en la casa de campo de sus tíos, en la que tuvo que aprender a superar la pérdida de un ser querido. Ganadora del Gran Premio de la sección Generation Kplus y el galardón a la Mejor Opera Prima en la Berlinale, se ha posicionado como la gran favorita del Festival de Málaga.

Contada desde la visión de Frida (Laia Artigas), junto a la convivencia de su nueva familia, su tío materno (David Verdaguer), su otra «madre» (Bruna Cusí) y su adorable prima Anna (Paula Robles). A través de sus ojos sentimos su ausencia, extrañeza y rechazo, accedemos a una fábula de miradas, de gestos, de secretos escondidos, que aflora en lo más hondo de la inocencia de una pequeña que tiene que hacer frente a un varapalo que no marca edades. Transmite sensibilidad a partir de una herida que no se sabe porque duele aunque sí como está hecha. No hacen falta palabras para narrar esta historia, ni tampoco caer en el sentimentalismo, la aventura emocional de esta niña desgarra en cada pequeño detalle.

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Imagen de Verano 1993 (Estiu 1993)
Lo más interesante es asistir a la naturalidad que desprenden sus dos más pequeñas protagonistas. Laia Artigas y Paula Robles, de ocho y cuatro años, son lo mejor que nos va a ofrecer el cine español este año, actúan bajo una cuidada improvisación, basada en meros recuerdos trabajados en el rodaje. Una ayuda a la otra para hacer sentir frente a la cámara e irradiar luz propia en un ambiente abrumado de sombras. Sus padres en la ficción, un David Verdaguer que hace oro todo lo que graba (triunfó con la cinta 10.000km también en Málaga), y Bruna Cusí, otra verdadera revelación, son imprescindibles para aportar el suficiente amago de tranquilidad en un oscuro retrato de cinerealidad.

Verano 1993 es herméticamente perfecta, construida por una debutante que aspira a maestra, que expresa cosas desde el corazón con inteligencia y descaro. No le pierdan la vista a esta directora, que hace cine de autor de verdad.

 

Llueven vacas: el falso te quiero

Un único escenario, mismo vestuario, un reparto de ensueño y un tema difícil: la violencia de género. Llueven vacas es el nombre que recibe este compendio de palabras transformado en una poética película. Aunque más bien es una webserie de seis capítulos, o incluso, una obra teatral plasmada a través de la pantalla, centrada en Margarita y Fernando, en distintos momentos de su relación pero retratados con una visión y personajes diferentes. Seis parejas, interpretadas por, en orden de aparición, Maribel Verdú, Víctor Clavijo, Laia Marull, Secun De La Rosa, Gloria Muñoz, Pedro Miguel Martínez, María Barranco, Asier Etxeandía, Mónica Regueiro, Sergio Peris-Mencheta, Gemma Charines, Eduardo Noriega y Carmen Mayordomo, en el papel de Coral. Todos ellos afloran en la manipulación psicológica previa al maltrato físico y como, en este caso, la mujer accede a las réplicas de su pareja.

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María Barranco y Asier Etxeandía en Llueven Vacas.
La cinta, dirigida por Fran Arráez a partir de un texto teatral de Carlo Be, cuenta la barbarie de la violencia machista en el hogar pero de manera indirecta sin caer en la expresión del maltrato más habitual que muchas películas nos cuentan. Su título, Llueven Vacas, es como decir un te quiero sin sentirlo, un juego de manipulación que dirige el personaje masculino al femenino para llevársela a un mundo surrealista impregnado de obediencias, con un final que nos podemos imaginar. Es una historia convincente, valiente, rara, que despierta un mensaje social en todo aquel que la ve.

Presentada en la sección ZonaZine del Festival de Málaga, sin distribución, con una autoproducción por parte de la actriz Mónica Regueiro, que ha sacado el proyecto a pulso, deberá enfrentarse al beneplácito del espectador, poco acostumbrado a ver el género teatral en la gran pantalla.

No sé decir adiós: retorno familiar

Juan Diego, Lola Dueñas y Nathalie Poza forman un diamante en bruto de tres quilates que han brillado en el Festival de Málaga por su actuación en la película No sé decir adiós de Lino Escalera, que presenta su primer debut en la gran pantalla. Y ovación no le ha faltado en el Teatro Cervantes, en la que ya se convierte en una firme candidata para cosechar premios en el 20 palmarés del cine malagueño.

Carla (Nathalie Poza) una empresaria infeliz adicta a la cocaína y al alcohol que vive en Barcelona, recibe un día la llamada inesperada de su hermana Blanca (Lola Dueñas), con la que no se habla desde hace varios años. El motivo, su padre, José Luis (Juan Diego), se encuentra enfermo de cáncer. Tras esto, Carla emprende un viaje a Almería donde viven ambos. Sin embargo, en su llegada tras no aceptar la realidad de la salud de su padre, emprenderán un viaje veloz a Barcelona, con el objetivo de encontrar una cura, y así escapar de la muerte.

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Fotograma de No sé decir adiós.

La posible pérdida de un padre es el punto de partida de esta abrumadora historia que surge de una idea original del director a partir del miedo de que su progenitor falleciera siendo él joven. Al final construye un drama intenso de redecillas familiares de verdadera emoción. Y la puesta en escena ayuda mucho a crear esta sensación,  en la que siempre parte de un encuadre de ensueño.

El miedo a la muerte, tema principal de la película, está presente en cada uno de los personajes pero de manera contenida, y no apostando por el sufrimiento. Nathalie Poza se convierte en una misionera del silencio y la desolación para regalarnos una de sus mejores interpretaciones, en un momento en el que la actriz alcanza la madurez perfecta para seguir sorprendiéndonos con papeles tan completos como este. Pero no es la única que sobresale, su hermana en la ficción, Lola Dueñas, con una mirada siempre cabizbaja, huye del desasosiego para evitar la fragilidad de su personaje. Sin olvidar, el padre de familia y de la cinta, Juan Diego, que saca su lado más soez en una soberbia actuación.

No sé decir adiós es una triste balada hacia el camino de la muerte con un final austero, sin la necesidad de provocar una lágrima en el espectador.

Amar: La edad de la inocencia

El primer amor suele marcar. A Laura (María Pedraza) y Carlos (Pol Monen), de 17 y 18 años, el querer intenso no les falta, se aman como si cada día fuera el último, pero la pasión que tienen el uno por el otro se irá desgastando cuando las mentiras, las inseguridades o los celos aparezcan en su relación. Amar es el título de esta historia de amor adolescente, presentada en la sección oficial del Festival de Málaga, y que filma Esteban Crespo, que se estrena por primera vez en el largometraje tras un extenso recorrido en los cortos (fue nominado a los Oscar por Aquel no era yo en 2014). La cinta, que surge quince años después tras una actualización del cortometraje estrenado en 2005, busca «recordar en el espectador ciertas sensaciones de recuerdo del primer amor» según su director. Además, el deseo sexual cobra una importancia significativa para describir ese frenesí de ambos, que acabará en una obsesión asfixiante de querer y ser querido.

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Fotograma inolvidable de la película.

Decía su protagonista, Pol Monen que «los primeros amores no suelen salir bien». Es una buena frase para resumir esta película que levanta pasiones y despierta sentimientos escondidos, porque todos hemos amado alguna vez y sabemos lo mal que se puede pasar. Sin embargo, en la primera parte del metraje, la relación de estos jóvenes parece indestructible,pero a medida que se desarrolla el factor de la inexperiencia unido a la influencia familiar y de los amigos el amor eterno que ambos se juraron no terminar, se irá debilitando.

Aunque, sin duda, la película es la viva representación del amor juvenil actual que no podía ser mejor interpretado por el dúo de actores, Pol Monen y María Pedraza, que dan un nuevo aire al cine español. Como anécdota, María, «instagramers«, consiguió el papel gracias a sus miles de seguidores en esta red social, que hizo despertar la atención del director por la joven. En la cinta, también, aparece Natalia Tena en un papel (madre de la protagonista) que no es acorde a su talento, y desaprovechado en escena. Y en un segundo plano, Greta Fernández, hija del actor Eduard Fernández, que poco a poco se está haciendo su hueco en el mundo del cine.

Habrá que ver si Amar, que se estrena el próximo 21 de abril, convence tanto como su historia y llega al público juvenil que tanto anhelan sus distribuidores.

 

Selfie: Retrato cómico de una España oscura

Los hijos de los corruptos cobran protagonismo en la nueva película de Victor García León (Vete de mí), que era ya necesaria en el cine español. Selfie, presentada a concurso en el Festival de Málaga, es un fiel reflejo de la España actual, que recorre lo más oscuro de la política con humor y perspicacia. Y es que la vida de Bosco (Santiago Alverú) se trunca cuando su padre, un alto ejecutivo del PP es detenido por delitos de corrupción. Con la casa embargada, sin coche, y sin apoyo familiar, el joven, acostumbrado a tener la vida resuelta, tendrá que apañárselas en un mundo muy diferente a la mirada del resto de la ciudadanía. Para sobrevivir, se une a grupo de simpatizantes de Podemos, donde conocerá a Macarena (Macarena Sanz) una chica ciega que le ayudará a conseguir trabajo. García León utiliza un cierto paralelismo con Willy Barcenás para construir esta cinta divertida y real.

Fotograma de la película Selfie

Grabada en forma de falso documental, o más bien docureality al más puro estilo de las Kardashian, su director destacaba que «hemos llegado a un nivel de expresionismo que permite todo, al cine hemos llegado también a ese momento». Esta forma de filmar hace que destaque la espontaneidad de sus actores. En la que su protagonista, Santiago Alverú debuta en la gran pantalla con un personaje medido entre su propia personalidad (solo hay que ver sus vídeos en Youtube) y el pequeño Nicolás. No se puede obviar tampoco la interpretación de Macarena Sanz que brilla sin precedentes en Selfie, y que se convierte en una firme candidata a la biznaga de plata a la mejor actriz de reparto. Al resto del elenco, Javier Caramiñana, Pepe Ocio…, no le hacen falta la luz de sus protagonistas para moverse con naturalidad por el barrio de Lavapiés de Madrid. Ah, tampoco se puede olvidar el cameo inconsciente de Esperanza Aguirre, uno de los momentos más divertidos de la cinta. Sin duda, Selfie es un cómico retrato de una España más agria que nunca, que une la política y el humor en un mismo plano.

Capitán Darín

Arrepentido de su participación, en 1977, en los llamados “vuelos de la muerte” en la última dictadura argentina, el ex capitán de la Armada Tomás Kóblic (Ricardo Darín) decide abandonar su carrera militar para refugiarse en Colonia Helena. Una vez allí, encontrará trabajo fumigando las cosechas de un viejo amigo de su padre. Sin embargo, su presencia incomodará al corrupto comisario Velarde (Óscar Martínez), que se obsesionará por descubrir que hace el ex militar en su “pueblo”.

Capitán Kóblic es el cuarto largometraje de Sebastián Borensztein, que después de ahondar en la comedia con Un Cuento Chino (también con Darín), decide cambiar de género para dirigir este thriller con tintes de wéstern que ahonda en la Argentina más profunda de finales de los 70. Un argumento bastante visto en el cine argentino pero que funciona, solo hay que ver que las dos únicas veces que el país ha ganado el Oscar a la mejor película extranjera (primero con La historia oficial y, luego, con El secreto de tus ojos) han sido por tratar este tema.

Sin lugar a dudas, el peso de todo el film lo lleva el complicado personaje de Ricardo Darín, que aunque no es el mejor papel de su carrera, consigue poner sufrimiento y emoción a sus miradas atormentadas de dolor. Lo que más sorprende es la sublime interpretación de Óscar Martínez, que entre tanto maquillaje y postizo, se hace irreconocible. Al igual que el acento argentino que Inma Cuesta trabajó duramente para convertirse en una pueblerina más del país.

La parte técnica es lo más atractivo de la película. La fantástica dirección de fotografía (premiada en el pasado Festival de Cine de Málaga) junto a las localizaciones, permiten trasmitir una ambientación real y rigurosa, que crea climas insólitos y de tensión que denotan intriga.

Capitán Kóblic se presenta frío, teniendo un desarrollo tenso y un final oscuro. Pero la sutileza de sus personajes unido al cóctel de géneros del film resulta interesante.